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    • AdminDani

      SOBRE LAS CITAS   01/23/2016

      Chic@s, quería llamaros la atención sobre una cosa que vengo observando se repite contínuamente: las citas. Veo gente que hace citas pequeñas y otros enoooooooormes. Esto es un foro y desgraciadamente tiene un límite de capacidad con lo cual, al citar grandes textos o hacerlo contínuamente, el espacio se va reduciendo lenta pero inexorablemente y deberíamos volver a cambiar de lugar en cuanto la capacidad estuviese completa, pareciendo nómadas en vez de foreros. Yo os quisiera proponer unas pocas normas sencillas pero efectivas: 1. Si se han de citar las palabras de alguien, se citan pero tomando sólo esa frase que nos interesa destacar. Como cuando se hace una cita se puede borrar el texto que no interese...se borra respetando los QUOTE y quedará más pequeña consiguiendo dos cosas: que se lea más fácilmente el mensaje y que se centre en el asunto que desea destacar quién la hace. Hay alguien que se lea la cita?? Si es corta se le echa un vistazo pero si es larga simplemente se lee la frase nueva porque lo citado ya lo hemos leído antes. Si no se tiene habilidad para respetar los QUOTE, simplemente se copia la frase a destacar y se pega en nuestro mensaje utilizando esa especie de "bocadillo" que hay junto al arbolito de insertar fotos, pues para eso sirve. 2. Si deseáis responder al que acaba de escribir, no hace falta citar creo yo, pues los mensajes salen seguidos pero como puede dar la casualidad de que mientras se esté escribiendo el mensaje alguien se nos adelante y el suyo salga antes que el nuestro, propongo que se diga directamente: Para Fulanito (el citado), y a continuación lo que se le quiera decir. Las citas son interesantes y para eso están pero por favor, limitadlas cuando y cuanto podáis porque si todos citamos cada mensaje que sale (como está ocurriendo últimamente) este foro se nos saturará antes de lo que pensamos, y más teniendo en cuenta que cuando se emita el programa cien de nuestra Koko en Hispanoamérica..... puede que haya una avalancha de nuevos foreros como ocurrió cuando se emitió aquí en España. Si colaboramos todos un poquito, tenemos foro para rato y además, a primera vista queda como más limpio también. Gracias por vuestra atención, el Staff.

Paz-Paz

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Posts posted by Paz-Paz


  1. He terminado "Sangre o amor", e último de Donna Leon de la saga Brunetti. Vuelve al comienzo, a La Fenice y la ópera, y recupera un personaje de otro caso anterior, Acqua Alta.

    Me ha gustado más que los dos anteriores de la serie, que flojeaban un poco. No es que sea de acción trepidante, más bien todo lo contrario, pero nos habla más del mismo Brunetti. Por primera vez lo veo pensando ya en vivir en el Palazzo Falier, como herederos que son de su aristocrático suegro. También me he reído con la mención a Downton Abbey, que su compañero Vianello detesta mientras que la mujer de este, Nadia, adora, lo mismo que la esposa y los hijos de Brunetti.


  2. No, Ana, iba por Koko, que dice "porque Paz ha insultado a mi Stefan". Que ya sé que tampoco es una grave acusación, más bien una manera de hablar, pero que quede claro.

    Otras veces he querido insultar (no en este foro) y entonces sí quedaba clara la intención, aunque entonces me guardé muy mucho de buscar bien en el diccionario el significado de las palabras que utilicé, para que no fueran susceptibles de denuncia ninguna. (Bueno, debería decir una vez, en lugar de otras veces. Al menos, con premeditación y alevosía fue una vez). No es muy edificante, pero me quedé más ancha que larga.


  3. Solo puntualizar que yo no he insultado a nadie, solo he dicho que una obra me ha parecido un petardo, ni siquiera me refiero a toda la obra del autor, porque desconozco otras, ni al propio autor.

    Además, creo recordar que incluso en lo de petardo-a hay jurisprudencia que afirma que no está tipificado como insulto. Me parece que la Preysler denunció a uno de esos comentaristas lenguaraces de la radio (Hilario López Millán, creo), porque la llamó "petarda" y el juez dijo que eso no era un insulto y que los tribunales no están para milongas.


  4. Ostras, yo debo ser muy bruta, porque lo único de Zweig que he leído es Amok y me pareció un petardo de mucho cuidado, que, además, me predispuso a no leer nunca más al autor. A mí esas pasiones tan desgarradas que llevan hasta el amok... como que no me van. Ni me fijé en el estilo literario, por lo pasada de rosca que me pareció la historia.


  5. Según la RAE, embastar e hilvanar también son sinónimos. A ver si lo puedo pegar, que no sé por qué parte de ello no se queda...

    embastar1.

    (De en- y basta).

    1. tr. Asegurar con puntadas de hilo fuerte la tela que se ha de bordar, pegándola por las orillas a las tiras de lienzo crudo clavadas en el bastidor, para que la tela esté tirante.

    2. tr. Poner bastas a los colchones.

    3. tr. hilvanar.

    4. tr. Ext. Tapar los huecos de una pared con una mano de cal.

    embastar2.

    (De en- y basto).

    1. tr. Poner bastos a las caballerías.

    De rebote me he enterado de lo que son los bastos, y es la primera acepción... Las albardas o aparejo de carga de las caballerías.


  6. Me he acordado por el hilo de los viajes, y el mensaje de Miguel que visitó un poco el Museo Jane Austen.

    He leído últimamente "La muerte llega a Manderley", de P.D. James. Tenía mis reparos a que se meta con personajes ajenos, por muy P.D.James que sea, y mucho más si son Darcy, Elizabeth y demás familia... pero resulta que me ha gustado mucho.

    También me gustó el libro del comissario Brunetti de este año, mucho más que el del año pasado, que me había decepcionado. En este último "La palabra se hizo carne", están claros desde el primer momento los motivos por los que el muerto ha sido asesinado, pero con todo, no está tan claro quién lo hizo, que es el intríngulis de la historia.


  7. Pingar también se dice aquí, Rosen, viene a ser como el siguiente grado de cullar. Cuando estás pingando es que estás mojado hasta que ya no puedes admitir más agua encima. Cuando estás cullando es que ya te lo vas quitando de encima a base de gotear...

    Escullar también se dice aquí, pero el matiz es más pasivo... No sé como explicarlo. Si eres tú el que estás goteando, estás cullando. pero si te quitas la ropa y la pones frente al fuego para que se seque, se dice que pones la ropa a escullar.

    Lo dicho, la necesidad hace el lenguaje. Imagina los campesinos de esta zona norte, la de mojaduras que cogerían en su vida, que los más de los días volvían pingando y cullando, y tendrían que poner las ropas a escullar.

    Ah, y lo de pingar tiene además el sentido figurado de hacer reporches o criticar a alguien ferozmente. "Le puso pingando", se suele decir, y puede ser eso, que en el fragor de una discusión alguien hace tremendos reproches a otro, o que alguien critica de forma muy dura a un ausente ante terceros.


  8. Uy, que se me había olvidado el tema del habla "cántabru".

    La cosa era:

    Me caí por un párdigo tan pindio que casi no salgo, y después no encontré asubio ninguno, así que aquí me tienes, hecho un chon y cullando.

    Me caí por un cortado tan empinado que casi no salgo, y después no encontré ningún lugar donde refugiarme de la lluvia, así que aquí me tienes, todo sucio y goteando.

    Un párdigo es un cortado de roca en una ladera, casi vertical, y que alterna con repisas en las que hay hierba y vegetación... las ovejas o ganado de otro tipo tienen a veces problemas para salir de ellos, porque se dejan caer hasta el lugar de la hierba fresca, y luego no pueden volver a subir. Pádigo es una palabra muy de Liébana (capital, Potes), que es la zona donde más párdigos hay, claro. La necesidad de nombrar algo hace que la palabra exista.

    Pindio es, como ya dijo Gloribel, algo empinado, con mucha inclinación. Se aplica a todo y es de uso muy común. Un prado, un camino, una cuesta, todo puede ser pindio o muy pindio.

    Asubio es cualquier lugar que te sirve de refugio para asubiar, o sea, guarecerte de la lluvia. Puedes "estar al asubio" o "asubiar" debajo de un árbol, de un tejadillo, en un portal...

    Chon es como aquí se llama al cerdo, el animal. Y estar hecho un chon es estar muy sucio. O, bueno, si te has puesto como un chon tanto puede significar, a la vista de a quien se refiera el comentario, que se ha manchado mucho o que ha engordado muchísimo.

    Cullar es gotear mucho, casi chorreando, como cuando has pillado una mojadura y te cae agua de la ropa de manera que vas dejando huella, o cuando cierras el paraguas y va dejando por la punta un goteo continuo, que hace charco. Te dirán "quita el paraguas de ahí, que está cullando"


  9. A ver si alguien sabe sabe traducir esta pequeña aventura:

    Me caí por un párdigo tan pindio que casi no salgo, y después no encontré asubio ninguno, así que aquí me tienes, hecho un chon y cullando.


  10. Lo de los apellidos y nombres ya sabes, lo mismo en francés que en español, e imagino que en alemán y cualquier otro idioma, cada uno lo escribe como a su antepasado se le ocurrió escribirlo, o al empleado del registro civil... Pero creo que es así como he visto el nombre de ese autor escrito.

    ¿Serás puñetera? ¿Pues no estoy ya con el nananianana... ? Mecagüen tó...

    Anda que lo que me pude reír el otro día cuando has elegido tema y de pronto dice Juanjo... Y quién es él... de Perales. Ja, ja, ja, qué cara de pánico... idéntica a la que yo habría puesto. Menos mal que fue de broma.

    Agggg, mecagüen tó... y ahora en qué lugar se enamoró de ti... de dónde es... a qué deica el tiempro libreeeeeee. ¡Agggggggg, socorro!


  11. ... mi abuela materna, que era de Huelva, la empleaba.... Viene del árabe -la palabra, no mi abuela- ...

    ¿Un español puede decir eso con seguridad? Mira que estuvieron aquí... ocho siglos, año arriba año abajo... e imagino que muchísimos se quedaron, "reconvertíos"... Yo no diría este moro no es mi abuelo...


  12. Se nos murió Manuel Alexandre... qué tristeza. Yo adraba a este hombre, me parece un actor inmenso. En cuanto tenga un rato volveré a ver "Elsa y Fred" que me parece una película tierna y simpática donde las haya. Esas escenas en la Fonatan de Trevi, con los dos viejitos emulando a Anita Ekberg y Macello Mastroianni. Qué delicia.

    Manuel Alexandre tenía algo, no lo sé definir, pero era algo especial, eso que diferencia a algunas personas del resto de los mortales. UNa chispita en los ojos, una sonrisa, una voz... definitivamente, tenía algo. Cuando se murió Fernán-Gómez me acordé otra vez de él, de Manuel, y escribí una carta al periódico (creo que la mandé a El País), que nunca publicaron. Ahora quizás sí la piblicarían, tarde, como siempre se homenajea a los grandes en este bendito país nuestro, España.

    La pongo aquí como recuerdo, porque hace referencia al título del hilo, películas que nos hagan reír.

    Errático homenaje a Manuel Alexandre, actor.A pesar de los tiempos que corren, me declaro optimista. Qué le voy a hacer, yo soy así. La macroeconomía se la dejo a mi vecino Botín y compañía, yo me contento con las pequeñas felicidades cotidianas. Están ahí, basta con saber apreciarlas.

    Cada mañana procuro intercambiar unas palabras y una sonrisa con el quiosquero, el carnicero, la panadera... Tengo la suerte de vivir en una ciudad pequeña y hago mis recados domésticos de camino a mi estudio, a apenas 10 minutos de casa. Casi cada día veo a un hombre que lleva a sus trillizos al cole. Tienen unos cuatro años, graciosísimos, dos iguales y uno que va por libre. Los he visto crecer cada mañana. Van al colegio al que yo fui, vestidos con el uniforme que yo odié y que ahora me parece incluso bonito. Y verlos me provoca alegría, siempre contentos y parlanchines.

    A lo que iba, procurando ver lo bueno, pienso, como dice Serrat en su canción, que hoy puede ser un gran día. Y desde hace un par de años, ese pensamiento y esa canción me llevan directamente la mente a una película, Elsa y Fred, lo más delicioso que ha dado el cine español en los últimos tiempos.

    Esa inefable China Zorrilla, a la que yo he conocido gracias a su papel de Elsa, un terremoto de mujer, escuchando continuamente la canción de Serrat al volante de su cochecito rojo, moviendo sus hombros al compás... Ese peligro público, a sus más de ochenta años, arrastrando a la aventura de su vida al pobrecito Alfredo, Fred, un Manuel Alexandre tan enorme en su papel que ni sé cómo expresarlo. Porque Alexandre es un actor de una categoría extraordinaria. A él sólo se le puede poner en el nivel de los más grandes, el de Bódalo, Rafael Alonso, Rabal... a él hay que colocarle junto a su amigo del alma, Fernando Fernán-Gómez, en lo más alto de la excelencia en su profesión.

    Me partió el alma verle en su velatorio, tan triste. Fernando contaba en sus memorias sobre su amistad con Manuel, desde chavales. Tiempos en los que se dedicaban a aprender declamación, y después a pasear y charlar, las únicas diversiones asequibles a sus escurridos bolsillos...

    Confieso que siempre he tenido debilidad por Manuel Alexandre. Por pequeño que fuera su papel, lo hacía grande. Y con un papel grande, él se crecía aún más. ¿Recuerdan aquel Estupiñá de Fortunata y Jacinta para televisión?... Ya no se hacen cosas así, por desgracia...

    En los años en que viví en Madrid, apenas comenzada mi vida laboral, lo veía algunas veces en un café del Paseo de Recoletos. Siempre me quedé con ganas de invitarle, en agradecimiento a los buenos ratos que me ha hecho pasar. Nunca me atreví, yo era muy joven y aún más pánfila que ahora.

    Don Manuel, tómese lo que quiera, y que me guarden la nota en el Gijón. Cuando vaya por Madrid pasaré a pagar, lo prometo.


  13. Yo confieso que sólo he leído de Vargas Llosa un libro, con la mala suerte de que me gustó tan poco que nunca le volví a dar otra oportunidad. Fue "La tía Julia y el escribidor", y me pareció tan tremendamente pedante que me costó un triunfo terminarlo, así que hasta hoy. Después, cuando le he visto en entrevistas me ha parecido también un pedante, así que no, que no.

    Para los amigos de Donna Leon, que por aquí hay varios, ina entrevista en Sevilla, donde ha estado dando un curso sobre novela policiaca, el mismo al que yo asistí el verano pasado.

    Resalto un párrafo que resume para mí el por qué me trago todo Brunetti, pero no entro por otras novelas policiacas.

    A propósito de la ola de novela negra nórdica que invade el mercado, con Mankell y Larsson a la cabeza, Donna Leon cree que el género en España, Italia o Grecia también presenta algunas diferencias: "Los nórdicos parecen más fascinados por la violencia, y menos preocupados por la comida que nosotros", sonríe.

    Ahí le ha dado en el clavo. Lo que yo adoro de Brunetti es que pone tanto tanto interés en hacer una buena comida y contárnoslo, incluyendo el vino con el que la acompaña, que en seguir las pistas para coger al criminal.

    http://www.elcorreoweb.es/cultura/105086/cafe/negro/donna/leon


  14. Gracias, chicas. Oye que lo de "con reyes casan las hijas" no se me ha ocurrido a mí, es un lema de escudo de los Bustamantes, que son muy chulos. Hay otros igual o más rimbombantes... Me acuerdo ahora de un escudo de Quirós y Velasco:

    "Antes que Cristo fuera Dios y los peñascos peñascos, los Quirós eran Quirós y los Velascos, Velasco"

    De eso hay mucho por La Montaña.


  15. Bueno para redondear estos días de gloria de salir por la tele y tal, ayer celebramos en la Escuela de Adultos el Día del Libro, con un poco de retraso, y se entregaron los premios de los concursos. Como conocursante "profesional" me dieron el de relato corto, cuyo tema obligado era "Mundo rural". Bueno, lo rural nos queda aquí, donde yo vivo, a tiro de... iba a decir de piedra, pero es más acertado a tiro de escupitajo. Y yo tengo (tenía) una abuela que es fuente inagotable de anécdotas que estoy intentando recoger en un libro de cuentos "Cuentos de María y Lucero". Por ahí atrás está otro relato referido a Lucero, el burro, y su problema con las panojas ajenas...

    Os traigo el que me han premiado ayer, por si os apetece leerlo.

    "Mira que es difícil bautizar a una vaca"

    Mi abuela María, conocida durante la mayor parte de su vida como María La viuda, había nacido en Santillana del Mar en 1912 en una familia hidalga aunque pobre de solemnidad, como casi todas en la villa.

    María de la Paz Juliana Gómez de la Vega y Tagle, con más nombre que posibles, vino al mundo en la casa de piedra de su abuela, con escudo desgastado y tejado medio hundido. El destino había reservado para ella una vida llena de trabajo y privaciones. Desde pequeña acompañaba a su madre a trabajar al campo, llevaba la comida a su padre al trabajo y se ocupaba de los animales y de los hermanos pequeños que iban llegando, con más “mano larga” que paciencia, según su propia confesión.

    A pesar de la escasa alimentación y el trabajo excesivo, se convirtió en una moza grande y lucida y no había romería a la que no se escapara con otras vecinas de su misma quinta, tan hartas de trabajar y con tantas ganas de diversión como ella misma.

    Pronto la rondó un muchacho. Era, por su familia materna, de los Bustamante de Quijas, aquellos que “con reyes casan las hijas”. Pero ya en el primer tercio del siglo XX, en cuestiones de matrimonio, los Bustamantes (al menos la rama pobre, a la que Ángel pertenecía), habían rebajado muchísimo sus pretensiones matrimoniales, tanto las mujeres como los hombres. Chaval simpático y campechano, buen trabajador en el campo y con un claro talento musical del que gustaba dar cuenta, nadie se aburría a su lado.

    Cuando, recién casados, se instalaron en Puente San Miguel, disponían del exiguo patrimonio de una casa llana con su huerta, que les arrendaba un tío de él y, como dote de la esposa, unas tierras en la mies de La Veguilla, un carro nuevo y un borrico.

    Lucero, que así se llamaba el pollino, era hijo de María Cristina. Siempre hubo en la familia de María una burra llamada María Cristina, desde los tiempos de la reina regente. La de entonces era ya la cuarta. Don Hilario, el cura de Santillana, torcía el morro cuando lo oía. “Los nombres cristianos no son para los animales, y mucho menos los de la Virgen y la reina”, decía. El burrito se había quedado en casa cuando nació, en vista de que María iba a necesitar recibir algo al casarse.

    Lucero era pequeño, pero no peludo ni suave, y se le notaban todos los huesos, sobre todo cuando trabajaba. Desde chico se reveló terco, como no podía ser menos, pero también fuerte y listo. En cierta manera, María y él eran iguales, así que siempre formaron una alianza muy estrecha. Ella le enseñaba y él aprendía. María siempre sostuvo que los animales son como las personas y los hay listos, tontos y medianos, así que cada cual aprende con mayor o menor facilidad según su capacidad. Seguro que tenía razón, pues siempre supo controlar a su variada fauna doméstica. Ya fueran burros, caballos, gatos, perros... hasta vacas y terneros, parecía que todos ellos entendieran lo que ella les decía. ¡Y ninguno osaba desobedecer!

    Para terminar de arrancar una vida matrimonial a todo lujo (“¡Cuánto vicio tiene hoy la juventud!”, decía su abuela) sólo les faltaba una vaca. Con los ahorros del novio, el regalo de boda del tío Manuel y la dote de Santa Juliana que en Santillana se entregaba en su matrimonio a las mozas de la villa, la joven pareja bajó a los pocos días de casados a la feria de Torrelavega en su flamante carro tirado por Lucero. Después de mucho mirar y regatear, encontraron lo que querían a un precio que aún les permitió con el sobrante comprar en una ferretería junto a la plaza mayor una cubertería completa (¡ay, si se entera la abuela!).

    Durante el regreso, con la vaca atada a la trasera del carro, la joven pareja y Toñín, un vecino de Puente que volvía con ellos, pasaron un rato muy divertido buscando nombre al nuevo miembro de la familia. Como era una vaca muy blanca, con sólo un par de parches negros, María pensó en Blanca.

    “No, decía el vecino, una Blanca tiene Tomás el Sota, y va a ser un lío si se llaman igual”.

    La discusión se interrumpía para preguntarle por qué a Tomás le llamaban “el Sota”, pues era cuestión de conocer los intríngulis del nuevo vecindario.

    Descartado “Blanca”… pues como los parches negros parecían dibujar las siluetas de dos mariposas, pensaron que Mariposa estaría bien. Pero también había otra Mariposa en el pueblo. “¿Margarita?”, “¿Esmeralda?”. Uf, los nombres más corrientes para una vaca. Al menos dos o tres Margaritas en cada pueblo y precisamente su vecino de la casa de al lado, Pepe el Caimán, tenía una Esmeralda.

    Llegados a este punto, si ya el apodo de “el Sota” había precisado una explicación, el de “el Caimán” con mucha más razón. Toñín les ponía al corriente.

    Total, que ya pasaban el puente blanco y no había manera de encontrar nombre para el animal. Entonces, el recién casado Ángel, flamante dueño de una vaca, pronunció la frase definitiva: “¿Pero es que no va a haber un nombre para esta vaca? ¡Pues menuda cuestión, ésta sí que va a ser cojo*nuda!”.

    “¡Cojo*nuda!, ¡Cojo*nuda!, gritaba Toñín, pataleando de risa en la parte de atrás del carro ¡Ésta va ser “Cojo*nuda”!

    Y con Cojo*nuda se quedó la pobre vaca. Excelente animal, buena paridora, noblota y gran productora de leche, acompañó a la pareja en los pocos años felices que les tocó vivir juntos, hasta que la guerra pasó su amarga factura convirtiendo a mi abuela en María La viuda. El cura de Santillana quizás hubiera preferido un nombre cristiano a ése, pero… no tenemos constancia de que llegara a enterarse.

    Fin


  16. “¡Acelera!”

    Y yo aceleré. A fondo. En la curva, el coche rompió la barrera protectora y caímos por el precipicio.

    Todos los ¡acelera!, ¡frena!, ¿pero qué haces?, ¡qué inútil eres! de años y años de controlarme en todo, ya fuera el dinero, la vida social, la forma de vestir o de conducir pasaron por mi cabeza en unos segundos hasta que todo se volvió negro. Me daba igual, no lo soportaba más.

    Cuando desperté, con apenas una pierna y un brazo rotos, era una viuda rica. Nadie puso nunca en duda que aquello había sido un desgraciado accidente.